Método GM · Clase 04 — ACTIVAR

Por Nicolás García Mayor

Una reunión en el Four Seasons de Washington que nunca olvidé

Cuando llegué a Estados Unidos para desarrollar CMAX, tenía una enorme convicción sobre el impacto que nuestro proyecto podía generar.

Habíamos diseñado un sistema de alojamiento desplegable para ayudar a las personas afectadas por desastres y emergencias humanitarias. Pero una cosa era tener un diseño y otra muy distinta era convertirlo en un producto fabricado, probado y disponible para quienes lo necesitaran.

Para eso hacía falta dinero.

En aquella etapa, un obispo de Washington me presentó a un empresario de enorme fortuna, uno de los principales donantes de la Iglesia Católica en Estados Unidos.

Nos reunimos en el hotel Four Seasons de Washington, D. C.

Yo estaba entusiasmado. Llevaba materiales del proyecto y tenía muchas ganas de contarle todo lo que estábamos intentando construir.

El obispo también estaba entusiasmado. Sabía que había tenido la oportunidad de presentar mi trabajo ante el papa Francisco y me animaba a mostrarle al empresario aquella fotografía.

Le expliqué CMAX, le mostré el material y le hablé del potencial humanitario del proyecto.

Hasta que el empresario me hizo una pregunta:

—¿Cuánto necesitás?

—Un millón de dólares —le respondí.

Era el dinero que estimaba necesario para avanzar con prototipos, moldes y las primeras etapas de desarrollo.

Su respuesta me sorprendió.

Me explicó que él estaba acostumbrado a comprar empresas que facturaban cientos de millones de dólares por año. Mi proyecto estaba muy lejos de esa escala.

Después me ofreció una suma pequeña a cambio de presentarle alguna idea.

Recuerdo que aquella conversación me produjo mucha frustración. Yo venía de tener mi propia empresa de diseño industrial en Argentina. No había viajado a Washington para vender una idea por unos pocos dólares. Estaba intentando desarrollar algo en lo que creía profundamente.

Pero hubo una pregunta de esa reunión que me quedó grabada.

El empresario me preguntó qué era mejor: conseguir dinero de un inversor o conseguirlo vendiéndoles a los clientes.

Le respondí que, naturalmente, prefería financiar el crecimiento con las ventas del propio producto, sin endeudarme ni tener que ceder una parte de la empresa.

Pero también le expliqué algo.

¿Cómo iba a vender un producto que todavía necesitaba desarrollar, fabricar y probar?

Para llegar a las primeras ventas tenía que atravesar una etapa de inversión.

Necesitaba prototipos, ensayos, herramientas de fabricación y una primera producción.

Aquella conversación me dejó varias enseñanzas.

La primera fue que no todas las personas con dinero son los inversores adecuados para tu proyecto.

La segunda, que una necesidad de financiamiento debe estar vinculada a una etapa concreta de desarrollo.

Y la tercera, quizá la más importante, fue que tener una idea valiosa no significa automáticamente tener un negocio viable.

Para construirlo, también necesitás comprender los números.

Los números no están para apagar tus sueños

Sé que para muchas personas la palabra finanzas produce cierta incomodidad.

Algunas sienten que no son buenas para las matemáticas. Otras piensan que los números son algo que deberán resolver cuando su proyecto sea más grande.

También hay quienes sienten que hablar de dinero le quita romanticismo a aquello que quieren construir.

Yo mismo desarrollé CMAX motivado principalmente por una necesidad humanitaria.

Mi objetivo no era simplemente fabricar y vender un producto. Quería crear una herramienta que permitiera responder de manera más digna ante las emergencias.

Pero con los años comprendí algo fundamental:

Si no lograba construir una empresa económicamente sostenible, tampoco iba a poder hacer crecer el proyecto humanitario que soñaba.

Una buena intención no paga los materiales.

La pasión no reemplaza los salarios.

Y una visión extraordinaria no alcanza para sostener una fábrica.

Los números no son enemigos del propósito.

Son parte de las herramientas que necesitamos para hacerlo posible.

No importa si querés abrir un hotel, desarrollar un producto, ofrecer un servicio, crear una plataforma digital o impulsar una iniciativa social.

En todos los casos existen recursos limitados, decisiones económicas y preguntas que necesitás responder.

¿Cuánto cuesta hacerlo?

¿Cuánto dinero puede generar?

¿Cuánto necesitás invertir?

¿Cuánto tiempo podés sostenerlo?

¿Qué tiene que suceder para que funcione?

No hace falta que seas experta en finanzas para comenzar.

Pero sí es importante que aprendas a hacer las preguntas correctas.

1. Facturar no es lo mismo que ganar dinero

Imaginemos que diseñaste un producto que vendés a 100 dólares.

Fabricarlo te cuesta 60 dólares.

Podrías pensar que cada venta te deja una ganancia de 40 dólares.

Pero todavía no terminaste de hacer las cuentas.

Quizá necesitás pagar embalaje, transporte, comisiones, publicidad, alquiler, herramientas, personal y otros gastos.

Algunos costos están directamente relacionados con cada producto vendido. Otros existen aunque no vendas absolutamente nada.

Por eso debemos diferenciar tres conceptos.

Ingresos o facturación: todo lo que cobrás por vender tus productos o servicios, antes de descontar los costos.

Ganancia bruta: lo que queda después de descontar los costos directos de producir o prestar aquello que vendiste.

Ganancia neta: lo que queda después de considerar también los demás gastos, intereses e impuestos correspondientes.

Veamos un ejemplo sencillo.

ConceptoImporte
Precio de ventaUS$100
Materiales y fabricaciónUS$55
Embalaje y envío asumidos por el negocioUS$10
Ganancia bruta por unidadUS$35
Margen bruto35%

Esos 35 dólares todavía tienen que contribuir a pagar los gastos generales del negocio.

Si vendés 100 unidades, facturás 10.000 dólares y obtenés una ganancia bruta de 3.500 dólares.

Pero si durante ese período tenés 2.500 dólares de gastos operativos, te quedan 1.000 dólares de resultado operativo, antes de intereses e impuestos.

El negocio facturó 10.000 dólares.

Eso no significa que hayas ganado 10.000 dólares.

Parece una diferencia obvia cuando la vemos escrita.

Sin embargo, es uno de los errores más frecuentes al comenzar.

Harvard Business School Online explica que los márgenes permiten evaluar cuánto ingreso conserva una empresa después de distintos niveles de costos. No alcanza con mirar las ventas: también hay que comprender la estructura de gastos.

Una experiencia que viví con CMAX

En las primeras etapas de un producto nuevo, muchas veces necesitás ofrecer condiciones comerciales especiales para conseguir que alguien se anime a probarlo.

Todavía no existe una larga trayectoria de uso. No hay miles de clientes que puedan recomendarlo. Y los costos de fabricación suelen ser elevados porque producís pocas unidades.

En CMAX atravesamos situaciones en las que los descuentos, los tiempos de producción y los costos de desarrollo reducían significativamente el margen disponible.

Eso me enseñó que una venta puede ser muy importante estratégicamente, incluso cuando deja poco margen económico.

Puede ayudarte a validar el producto, obtener experiencia o abrir un mercado.

Pero también necesitás saber cuánto te cuesta conseguir esa oportunidad.

Porque si cada venta genera una pérdida que no podés sostener, vender más puede empeorar el problema.

Y Combinator insiste en la importancia de comprender la economía de cada unidad vendida, conocida como unit economics, antes de acelerar el crecimiento.

Crecer no siempre significa mejorar. A veces significa multiplicar un problema que todavía no resolviste.

2. El costo de fabricar uno no es el mismo que fabricar mil

Como diseñador industrial, aprendí que la tecnología de fabricación puede transformar completamente la economía de un producto.

Cuando comenzás, generalmente necesitás comprobar si tu diseño funciona.

Para eso podés utilizar métodos de fabricación más simples, herramientas manuales o procesos de menor inversión inicial.

Quizá fabricar cada unidad resulte relativamente caro.

Pero no necesitás invertir una fortuna antes de saber si el producto funciona y si alguien realmente quiere comprarlo.

En cambio, cuando comenzás a producir grandes cantidades, existen tecnologías que permiten reducir considerablemente el costo por unidad.

El problema es que muchas requieren inversiones iniciales importantes.

Por ejemplo, un molde industrial para fabricar piezas plásticas en grandes volúmenes puede costar mucho dinero.

Y ese dinero debe recuperarse a través de la producción futura.

Imaginemos dos alternativas para fabricar una pieza.

Producción inicialProducción a escala
Inversión en herramientasUS$2.000US$100.000
Costo de fabricación por unidadUS$80US$20
Producción prevista100 unidades10.000 unidades

Valores completamente hipotéticos para explicar el concepto.

En la primera alternativa, fabricar 100 unidades cuesta 8.000 dólares, además de los 2.000 dólares de herramientas.

Costo total: 10.000 dólares.

En la segunda, solamente preparar la fabricación requiere 100.000 dólares.

Si produjeras apenas 100 unidades, esa inversión sería desproporcionada.

Pero si el mercado realmente demandara 10.000 unidades, el costo total de fabricación sería 200.000 dólares, más los 100.000 de herramientas.

En ese volumen, el costo promedio por unidad sería de 30 dólares, considerando únicamente esos conceptos.

La tecnología más económica por unidad no siempre es la más conveniente para comenzar.

La decisión depende de cuánto necesitás invertir, cuántas unidades esperás vender, cuánto tiempo tardarás en recuperar la inversión y qué riesgos estás asumiendo.

En CMAX fui avanzando con distintas tecnologías de fabricación según las posibilidades y necesidades de cada etapa.

La idea era comprobar primero, aprender y continuar desarrollando antes de comprometer inversiones mucho mayores.

Esa experiencia me dejó una regla que considero fundamental:

No inviertas como si ya tuvieras miles de clientes cuando todavía estás intentando conseguir los primeros.

3. Antes de crecer, comprobá que existe un mercado

Imaginemos que una alumna me dice:

«Quiero construir un hotel de veinte habitaciones».

Mi primera pregunta no sería cuánto dinero necesita para construirlo.

Le preguntaría dónde quiere abrirlo.

Después intentaría comprender qué sucede en ese lugar.

¿Hay hoteles funcionando?

¿Reciben turistas durante todo el año o solamente en determinadas temporadas?

¿Cuánto cobran?

¿Qué experiencias buscan los visitantes?

¿Qué tendría de diferente su propuesta?

¿Hay suficientes personas dispuestas a pagar por lo que quiere ofrecer?

Y, sobre todo, le preguntaría:

«¿Necesitás comenzar construyendo veinte habitaciones?».

Quizá exista una alternativa más prudente.

Podría comenzar con una unidad de alojamiento, un espacio alquilado o una experiencia piloto que permita probar el concepto antes de comprometer una inversión enorme.

No siempre será posible, especialmente cuando existen requisitos legales, de infraestructura o de habilitación.

Pero vale la pena investigar si existe una manera de aprender con menos riesgo.

Harvard Innovation Labs recomienda validar primero el problema, hablar con potenciales usuarios y comprobar la disposición a pagar antes de comprometer grandes recursos.

Ese enfoque también está presente en las enseñanzas de Y Combinator: construir algo que las personas realmente quieran y evitar escalar demasiado pronto.

En otras palabras:

Primero descubrí si el mercado te acompaña. Después decidí cuánto necesitás crecer.

4. Cómo calcular los ingresos de un hotel

Sigamos con el ejemplo.

Supongamos que querés desarrollar un alojamiento de diez habitaciones.

Antes de calcular la ganancia, necesitás estimar cuánto podría facturar.

Para eso hay tres datos básicos:

  • Cantidad de habitaciones disponibles.
  • Precio promedio por noche.
  • Porcentaje de ocupación esperado.

Imaginemos que tenés diez habitaciones, que cobrás un promedio de 150 dólares por noche y que estimás una ocupación anual del 60%.

La cuenta sería:

10 habitaciones × 365 días = 3.650 noches disponibles al año.

3.650 × 60% = 2.190 noches vendidas.

2.190 × US$150 = US$328.500 de ingresos brutos anuales por alojamiento.

Pero cuidado.

Eso todavía no es ganancia.

Ahora deberías calcular los costos de limpieza, lavandería, personal, mantenimiento, electricidad, agua, comisiones de plataformas, seguros, impuestos y demás gastos.

También deberías considerar cuánto dinero necesitaste para construir, comprar, alquilar o acondicionar el inmueble.

Y no olvidarte de algo fundamental: el hotel probablemente no tenga la misma ocupación todos los meses.

Los valores anteriores son un ejemplo matemático, no una predicción de lo que sucederá.

Una proyección seria debe apoyarse en información del mercado y en hipótesis que podamos explicar.

5. El punto de equilibrio: ¿cuánto necesitás vender para no perder?

Hay una pregunta que toda emprendedora debería poder responder:

¿Cuántas ventas necesito para cubrir mis costos?

Eso se llama punto de equilibrio.

Volvamos al producto que vendíamos a 100 dólares.

Supongamos que sus costos variables directos son 65 dólares por unidad.

Cada venta aporta 35 dólares para cubrir los costos fijos.

Si los gastos fijos mensuales del negocio son 2.800 dólares, necesitás vender:

US$2.800 ÷ US$35 = 80 unidades por mes.

Con 80 unidades cubrís esos costos, bajo los supuestos del ejemplo.

A partir de allí, cada unidad adicional aporta al resultado, siempre que los costos y precios se mantengan y no aparezcan nuevas necesidades de capacidad.

Pero si el mercado solamente permite vender 20 unidades mensuales, tenés un problema que necesitás resolver.

Quizá debas reducir costos.

Quizá necesites aumentar el precio.

Quizá debas encontrar otro tipo de cliente.

O quizá el proyecto todavía no sea viable en esas condiciones.

El punto de equilibrio no te dice si tu idea es buena o mala.

Te ayuda a comprender qué tendría que suceder para sostenerla económicamente.

6. ¿Cuánto dinero necesitás realmente?

Volvamos a aquella reunión en Washington.

Cuando el empresario me preguntó cuánto necesitaba, respondí un millón de dólares.

Pero detrás de esa cifra había una serie de etapas que debía financiar.

No se trataba simplemente de conseguir dinero y comenzar a gastarlo.

Necesitaba construir un camino.

Primero desarrollar prototipos.

Después realizar pruebas.

Luego mejorar el diseño.

Avanzar hacia las herramientas de fabricación.

Preparar una preserie.

Y, finalmente, comenzar a producir en condiciones comerciales.

Cada etapa tenía costos diferentes.

Materiales, ingeniería, moldes, ensayos, personal, viajes, instalaciones, alquileres y muchos otros gastos.

Por eso, cuando pensás en buscar financiamiento, mi recomendación es construir un presupuesto por etapas.

No empieces preguntando:

«¿Cuánto dinero me gustaría conseguir?».

Empezá preguntando:

«¿Qué necesito lograr, cuánto cuesta y qué resultado debería obtener con esa inversión?»

Por ejemplo:

EtapaObjetivoPresupuesto ilustrativo
1Desarrollar prototipoUS$15.000
2Realizar pruebas y mejorasUS$10.000
3Preparar herramientas de producciónUS$40.000
4Fabricar primera preserieUS$25.000
5Comercialización y operación inicialUS$10.000
Total estimadoUS$100.000

Ejemplo ficticio. No corresponde a un presupuesto real de CMAX.

Ahora podés explicar qué harías con 100.000 dólares.

Y también qué ocurriría si solamente consiguieras 25.000.

Quizá podrías financiar las dos primeras etapas y utilizar sus resultados para buscar nuevos recursos.

Eso es muy diferente de solicitar una cifra sin explicar cómo se utilizará.

¿Siempre necesitás un inversor?

No.

Y esto es importante.

Según el tipo de proyecto, podrías financiarte con ahorros propios, ingresos de otro trabajo, preventas, clientes, socios, préstamos, donaciones, subvenciones o inversión externa.

Cada alternativa tiene ventajas, costos y riesgos.

Una preventa, por ejemplo, puede ayudar a financiar la producción, pero también genera una obligación de entrega que necesitás estar en condiciones de cumplir.

Un préstamo debe devolverse, generalmente con intereses.

Un inversor puede aportar capital, experiencia y contactos, pero probablemente espere una participación o determinadas condiciones económicas.

Y una donación responde a una lógica diferente de la inversión comercial.

No existe una única respuesta válida para todos los proyectos.

Lo importante es elegir una fuente de financiamiento compatible con la etapa, las necesidades y los riesgos de aquello que estás construyendo.

7. Las proyecciones a cinco años no son promesas

Cuando una persona presenta un proyecto, muchas veces aparece una tabla que muestra cuánto espera vender durante los próximos cinco años.

El problema es que algunas proyecciones parecen construidas simplemente aumentando un porcentaje todos los años.

Primer año: 100.000 dólares.

Segundo año: 200.000.

Tercero: 400.000.

Cuarto: 800.000.

Quinto: 1.600.000.

Pero ¿de dónde salen esos números?

¿Qué clientes comprarían?

¿Cuántas unidades podrías fabricar?

¿Cuánto costaría conseguirlos?

¿Tendrías capacidad para atenderlos?

¿Qué inversiones adicionales necesitarías?

Una proyección financiera debe surgir de hipótesis concretas.

Si proyectás vender 500 productos, deberías poder explicar quiénes podrían comprarlos, cómo llegarías a ellos y si tenés capacidad para fabricarlos.

Si proyectás un hotel con un 80% de ocupación, necesitás justificar por qué considerás razonable ese porcentaje.

Harvard Innovation Labs, al evaluar proyectos, solicita identificar los factores que impulsan los ingresos y costos, como precios, márgenes y adquisición de clientes, y explicar los supuestos utilizados en las proyecciones.

Eso es lo que quiero que aprendas.

No a inventar un futuro perfecto en una planilla.

Sino a construir escenarios que te ayuden a tomar decisiones.

Podés preparar tres:

Conservador: ¿qué sucede si las ventas son menores de lo esperado?

Base: ¿qué podría suceder bajo hipótesis razonables?

Optimista: ¿qué ocurriría si la demanda supera tus expectativas?

Los tres deben apoyarse en datos y supuestos explícitos.

Y si todavía no tenés información suficiente, reconocerlo es mejor que presentar cifras con una precisión que no existe.

8. No confundas rentabilidad con dinero disponible

Hay otra diferencia importante.

Podés vender un producto y registrar una ganancia contable, pero quedarte sin efectivo para seguir operando.

Imaginemos que una empresa te compra 100 unidades.

Para fabricarlas necesitás pagar materiales y salarios hoy.

Pero el cliente te pagará dentro de 90 días.

Aunque la operación tenga un margen positivo, necesitás financiar esos tres meses.

Lo mismo puede suceder con un hotel que tiene gastos durante todo el año, pero concentra buena parte de sus ingresos en temporada alta.

Por eso, además de calcular ingresos y ganancias, necesitás pensar en el flujo de caja.

Es decir:

¿Cuándo entra realmente el dinero?

¿Cuándo sale?

¿Con cuánto efectivo necesitás contar para atravesar los meses de mayor gasto?

Y Combinator destaca la importancia de vigilar el dinero disponible y el tiempo durante el cual una empresa puede continuar operando con sus recursos actuales.

Una empresa puede tener buenas perspectivas y aun así enfrentar problemas graves por falta de liquidez.

No alcanza con que un proyecto sea rentable en una planilla. También tiene que poder sostenerse mientras esa rentabilidad llega.

9. Los números también importan cuando tu proyecto es social

Quizá estés pensando:

«Pero yo no quiero crear una empresa. Quiero impulsar un proyecto para ayudar a otras personas».

En ese caso, los números siguen siendo importantes.

Imaginemos que querés organizar un programa para entregar alimentos a familias en situación de vulnerabilidad.

Necesitás conocer cuántas familias querés atender, cuánto cuesta cada entrega, qué gastos logísticos existen, cuánto personal o voluntariado necesitás y durante cuánto tiempo podrás sostener el programa.

Si atender a una familia durante un mes cuesta 80 dólares, ayudar a 100 familias durante seis meses requeriría 48.000 dólares solamente en ese concepto.

Después deberías sumar los demás gastos del programa.

Con esa información podés preparar un presupuesto, buscar donantes y explicar con transparencia qué impacto permitiría generar cada aporte.

La diferencia es que el objetivo principal no será distribuir ganancias a inversores.

Será utilizar los recursos de manera responsable para generar el mayor impacto posible.

Pero en ambos casos necesitás comprender cuánto cuesta cumplir tu propósito.

10. Tu primer ejercicio financiero

No quiero que termines este artículo pensando que necesitás estudiar contabilidad durante cinco años antes de avanzar.

Quiero proponerte algo más sencillo.

Tomá una hoja, una planilla de Excel o un documento y respondé estas preguntas.

Primera: ¿qué vas a vender u ofrecer?

Un producto, una noche de alojamiento, una sesión profesional, una suscripción, una experiencia o un servicio.

Si tu proyecto es social, identificá qué actividad vas a financiar y a cuántas personas querés llegar.

Segunda: ¿cuánto cuesta entregar una unidad de aquello que ofrecés?

Incluí los costos directos más importantes.

Si todavía no los conocés, averiguá precios con proveedores o investigá referencias reales.

Tercera: ¿cuánto cobrarías?

No el precio que te gustaría cobrar porque suena atractivo.

Un precio que puedas contrastar con el mercado, tus costos y el valor que percibe el cliente.

Cuarta: ¿cuánto necesitás vender para cubrir tus gastos?

Estimá tus costos fijos y calculá cuántas ventas necesitarías para cubrirlos.

Quinta: ¿qué inversión necesitás para llegar a tu próximo objetivo?

No necesariamente para construir el proyecto completo.

Quizá solamente para desarrollar un prototipo, realizar una prueba piloto o conseguir tus primeros clientes.

Y agregá una última pregunta:

¿Cuál de estos números conozco y cuál estoy suponiendo?

Esa diferencia es fundamental.

Porque cada número que todavía no conocés representa algo que necesitás investigar, comprobar o aprender.

Lo que aprendí después de tantos años

Con el tiempo fui comprendiendo que emprender requiere encontrar un equilibrio difícil.

Por un lado, necesitás una visión suficientemente grande como para entusiasmarte y superar las dificultades.

Por otro, necesitás tomar decisiones suficientemente prudentes como para no destruir esa visión por querer avanzar demasiado rápido.

En CMAX aprendí que la tecnología de fabricación, los costos, los tiempos, los márgenes y las fuentes de financiamiento pueden determinar el futuro de un proyecto tanto como su diseño.

También aprendí que el mercado tiene que acompañar el crecimiento.

No alcanza con que vos estés convencida de que tu idea merece existir.

Necesitás encontrar personas que realmente valoren lo que estás proponiendo.

Y necesitás construir una manera sostenible de entregárselo.

No siempre vas a acertar.

Habrá costos que calculaste mal.

Proveedores que se atrasen.

Ventas que no lleguen.

Decisiones que tengas que revisar.

Pero cuanto mejor comprendas tus números, más herramientas tendrás para corregir el rumbo.

No quiero que las finanzas se conviertan en una barrera para tus sueños.

Quiero que se conviertan en una brújula para tus decisiones.

Porque después de todos estos años sigo creyendo que las ideas pueden transformar realidades.

Pero también aprendí que, para hacerlo, necesitan algo más que entusiasmo.

Necesitan trabajo, aprendizaje, personas comprometidas y recursos utilizados con inteligencia.

No alcanza con preguntarte cuánto puede crecer tu proyecto. También tenés que preguntarte qué necesita para sostenerse mientras crece.

Y si tu proyecto tiene un propósito que verdaderamente vale la pena, aprender a responder esa pregunta es una forma de cuidarlo.

Nicolás García Mayor

Método GM · Construí desde adentro


Fuentes y lecturas recomendadas

Las siguientes referencias complementan los conceptos financieros y de emprendimiento del artículo. Las anécdotas personales corresponden a experiencias relatadas por el autor; los ejemplos numéricos son ilustrativos.

  1. Harvard Business School Online — How to Use Profitability and Margin Ratios. Explica la diferencia entre margen bruto, margen operativo y margen neto, y cómo utilizarlos para evaluar un negocio.https://online.hbs.edu/blog/post/margin-ratios
  2. Harvard Business School Online — How to Prepare a Budget for an Organization. Introduce la planificación presupuestaria y la diferencia entre gastos fijos, variables y extraordinarios.https://online.hbs.edu/blog/post/how-to-prepare-a-budget-for-an-organization
  3. Harvard Innovation Labs — First-Time Founder Mistakes. Aborda errores frecuentes como buscar financiamiento demasiado pronto, desarrollar soluciones sin validar la demanda y confundir reconocimiento con tracción.https://innovationlabs.harvard.edu/how-to/founder-mistakes
  4. Harvard Innovation Labs — High Potential (HiPo). Presenta criterios de validación de problemas, soluciones, modelos de negocio y señales de tracción según la etapa del emprendimiento.https://innovationlabs.harvard.edu/funding-opportunities/hipo
  5. Y Combinator — YC’s Essential Startup Advice. Recomienda hablar con los clientes, comprobar que existe demanda y evitar escalar antes de tiempo.https://www.ycombinator.com/library/4D-yc-s-essential-startup-advice
  6. Y Combinator — Later Stage Advice for Startups. Destaca la importancia de los márgenes por unidad, la planificación financiera y el control del efectivo disponible.https://www.ycombinator.com/blog/later-stage-advice-for-startups
  7. Y Combinator — A Guide to Seed Fundraising. Explica cómo vincular la necesidad de capital con el desarrollo del producto, el mercado, el equipo y los objetivos de crecimiento.https://www.ycombinator.com/blog/this-brief-guide-is-a-summary-of-what-startup-founders-need-to-know-about-raising-the-seed-funds-critical-to-getting-their-company-off-the-ground