Método GM · Clase 04 — ACTIVAR
Por Nicolás García Mayor
Hay algo que ningún programa puede hacer por vos
Durante estas semanas compartimos ideas, experiencias, preguntas y herramientas.
Hablamos de descubrir aquello que te importa, identificar problemas, imaginar soluciones, reconocer los recursos que tenés disponibles y encontrar maneras de convertir una idea en algo real.
También aprendimos a comunicar nuestros proyectos y a comprender los números que pueden ayudarnos a sostenerlos.
Pero hay algo que ningún programa, libro, universidad o mentor puede hacer por vos.
Tomar tus decisiones.
Podemos estudiar las experiencias de otras personas. Podemos aprender de quienes construyeron empresas, desarrollaron proyectos extraordinarios o transformaron comunidades enteras.
Podemos encontrar inspiración en sus historias.
Pero llega un momento en el que se terminan las explicaciones.
Cerrás la computadora.
Guardás tus apuntes.
Volvés a tu casa, a tu trabajo, a tu familia, a tus responsabilidades.
Y al día siguiente, la vida continúa.
Probablemente nadie te pregunte si avanzaste con tu proyecto.
Nadie te obligue a hacer aquella llamada que venís postergando.
Nadie te recuerde que tenías que investigar un mercado, conversar con un posible cliente o probar una idea.
Ahí comienza una parte del camino que no podemos recorrer por vos.
Y, curiosamente, puede ser la más importante.
No esperes que todos comprendan lo que estás intentando construir
Cuando comencé a desarrollar CMAX, muchas de las cosas que imaginaba todavía no existían.
Había un diseño, una intención y una enorme cantidad de problemas por resolver.
Con el tiempo llegaron reuniones, presentaciones, contactos y oportunidades.
También llegaron obstáculos.
Fabricar un producto nuevo, encontrar proveedores, conseguir recursos y llevar una solución desde el diseño hasta su utilización real implica mucho más trabajo del que imaginamos cuando comenzamos.
Y hay algo que aprendí durante ese proceso.
No todo el mundo va a comprender tu proyecto.
Algunas personas van a entusiasmarse.
Otras van a cuestionarlo.
Algunas van a ofrecerte ayuda.
Otras van a decirte que estás perdiendo el tiempo.
Y muchas, sencillamente, van a estar ocupadas con sus propias vidas.
Eso no significa necesariamente que estén equivocadas.
A veces las críticas contienen información que necesitás escuchar.
Otras veces reflejan experiencias, intereses o prioridades diferentes de las tuyas.
Por eso es importante aprender a distinguir entre una opinión y una evidencia.
Que alguien te diga que tu idea es maravillosa no significa que vaya a funcionar.
Y que alguien te diga que no tiene futuro tampoco demuestra que debas abandonarla.
Necesitás aprender a escuchar sin entregarles a los demás la responsabilidad de decidir por vos.
Tu proyecto necesita tu convicción, pero también necesita tu capacidad de cuestionarlo.
Perseverar no significa hacer siempre lo mismo
Existe una idea bastante extendida sobre el emprendimiento: que las personas exitosas son aquellas que nunca abandonan.
A mí me parece que esa afirmación necesita una explicación.
Porque hay una diferencia enorme entre perseverar en un propósito y aferrarse a una solución que no funciona.
Imaginemos que querés desarrollar un hotel de naturaleza.
Tu propósito es crear un lugar donde las personas puedan descansar, conectarse con el entorno y vivir una experiencia diferente.
Después de investigar, descubrís que el terreno que elegiste presenta problemas de acceso, costos elevados o una demanda insuficiente.
¿Qué hacés?
¿Seguís adelante porque ya lo habías decidido?
¿Invertís todos tus ahorros para demostrar que tenías razón?
¿O revisás el proyecto y buscás otra manera de alcanzar tu objetivo?
Quizá necesites cambiar la ubicación.
Quizá debas comenzar con una sola unidad.
Quizá descubras que tus futuros clientes prefieren experiencias de un día antes que alojamientos de varios días.
Modificar la estrategia no significa necesariamente abandonar el sueño.
Puede significar que estás aprendiendo.
En Stanford, la psicóloga Carol Dweck desarrolló el concepto de mentalidad de crecimiento: la posibilidad de desarrollar capacidades mediante aprendizaje, estrategias y esfuerzo, en lugar de considerar que nuestras habilidades son inmutables.
Pero esa mentalidad no consiste simplemente en esforzarse más.
También implica cambiar de estrategia, pedir ayuda y aprender de los resultados.
No siempre necesitamos insistir con más fuerza.
A veces necesitamos observar mejor.
No te enamores tanto de tu primera solución que termines olvidando el problema que querías resolver.
La motivación es importante. Pero no siempre va a estar.
Hay días en los que te levantás con una energía extraordinaria.
Tenés ideas, entusiasmo y ganas de hacer mil cosas.
Y hay otros días en los que no querés hacer absolutamente nada.
Estás cansada.
Tenés problemas personales.
El trabajo te demanda tiempo.
Los resultados no llegan.
O simplemente sentís que aquello que imaginaste es demasiado grande para tus posibilidades.
Eso también forma parte de construir un proyecto.
Por eso no podemos depender exclusivamente de la motivación.
La motivación puede ayudarte a comenzar.
Pero necesitás desarrollar hábitos, compromisos y sistemas que te permitan avanzar incluso cuando no sentís el mismo entusiasmo.
El psicólogo Peter Gollwitzer investigó las llamadas intenciones de implementación: decisiones que especifican cuándo, dónde y cómo vamos a realizar una acción.
En lugar de decir:
«Voy a trabajar más en mi proyecto».
Podés comprometerte con algo concreto:
«Todos los martes y jueves, de siete a ocho de la tarde, voy a dedicar una hora a investigar proveedores».
O:
«Antes del próximo viernes voy a conversar con tres posibles clientes».
La diferencia parece pequeña.
Pero una intención general deja demasiadas decisiones abiertas.
Una acción específica reduce la distancia entre lo que queremos hacer y lo que efectivamente hacemos.
No necesitás disponer de ocho horas por día para comenzar.
Quizá tengas solamente treinta minutos.
La pregunta es qué vas a hacer con ellos.
Aprendé a reconocer los avances que no aparecen en una cuenta bancaria
Cuando pensamos en el éxito de un proyecto, solemos imaginar grandes resultados.
Una empresa que factura millones.
Un producto que llega a miles de personas.
Un hotel lleno de huéspedes.
Una organización que consigue financiamiento internacional.
Pero antes de esos resultados suelen existir otros avances menos visibles.
La primera conversación con un posible cliente.
Una prueba que demuestra que algo no funciona.
Una reunión con alguien que puede ayudarte.
Un presupuesto que te permite comprender que tu idea necesita cambios.
La decisión de abandonar una característica innecesaria.
O el descubrimiento de que el mercado que imaginabas no era el correcto.
No todos esos avances producen dinero inmediatamente.
Algunos incluso pueden parecer decepcionantes.
Pero si te permiten aprender algo importante y tomar una mejor decisión, tienen valor.
Eso no significa que cualquier actividad sea progreso.
Pasarte seis meses cambiando el logotipo de tu proyecto no necesariamente te acerca a tener clientes.
Asistir a decenas de reuniones tampoco garantiza que estés avanzando.
Por eso necesitás hacerte una pregunta incómoda:
¿Qué cambió en la realidad gracias a lo que hice?
No solamente cuánto trabajaste.
No solamente cuánto pensaste.
¿Qué descubriste, comprobaste, construiste o resolviste?
El progreso necesita alguna forma de evidencia.
Cuidado con convertir tu proyecto en una deuda emocional
Quiero hablarte de algo que considero especialmente importante.
Cuando dedicamos mucho tiempo, esfuerzo y dinero a una idea, puede resultar muy difícil reconocer que necesitamos cambiarla.
Sentimos que abandonar una dirección sería desperdiciar todo lo que invertimos.
Entonces seguimos gastando recursos porque ya gastamos demasiado.
En economía y psicología, este fenómeno se relaciona con la falacia del costo hundido.
Un costo hundido es un recurso que ya invertiste y que no podés recuperar.
La pregunta correcta no es cuánto te costó llegar hasta acá.
La pregunta es si, con la información que tenés hoy, vale la pena seguir invirtiendo en ese mismo camino.
Esto no significa que debas abandonar cada vez que aparece una dificultad.
Significa que necesitás evaluar tus decisiones con honestidad.
Si tu proyecto requiere más dinero del que podés arriesgar responsablemente, quizá debas reducir su escala.
Si las pruebas muestran que los clientes no necesitan tu solución, quizá debas modificarla.
Si descubrís que una idea ya no representa lo que querés para tu vida, también tenés derecho a cambiar.
Tu valor como persona no depende de que un proyecto funcione.
Y reconocer que algo debe transformarse no borra lo que aprendiste.
Las personas que te rodean también forman parte del camino
Ningún proyecto importante se construye completamente en soledad.
A veces una conversación puede ayudarte a descubrir una oportunidad.
Otras veces alguien puede señalarte un error que no habías visto.
También habrá personas que te acompañen emocionalmente cuando las cosas no salgan como esperabas.
Por eso quiero que pienses en las relaciones que comenzaste a construir durante estas semanas.
Tus compañeras del Método GM tienen historias, experiencias y conocimientos diferentes.
Quizá alguna pueda ayudarte con una pregunta.
Quizá otra conozca a una persona que necesitás contactar.
Tal vez dentro de unos meses seas vos quien pueda acompañar a alguna de ellas.
No subestimes esas conexiones.
Pero tampoco esperes que los demás resuelvan aquello que te corresponde hacer.
Pedir ayuda no significa delegar tu responsabilidad.
Significa reconocer que podemos aprender y construir con otros.
No tenés que construir toda tu vida en los próximos treinta días
Al terminar este programa, me gustaría que evitaras una tentación bastante frecuente.
La de salir con una lista interminable de cosas que querés hacer.
Crear una empresa.
Conseguir inversores.
Diseñar una página web.
Lanzar un producto.
Contratar un equipo.
Aprender marketing.
Organizar una campaña.
Y resolver todo antes de fin de mes.
No necesitás hacer todo eso ahora.
Necesitás decidir cuál es el próximo avance que realmente importa.
Si estás comenzando un servicio, quizá tu objetivo sea conseguir tres conversaciones con potenciales clientes.
Si estás desarrollando un producto, quizá necesites obtener dos presupuestos de fabricación.
Si querés abrir un alojamiento, podrías investigar la ocupación y las tarifas de establecimientos comparables.
Si estás impulsando una iniciativa social, quizá debas definir el costo de atender a tus primeros beneficiarios.
Elegí un objetivo que puedas verificar.
Después dividilo en acciones semanales.
Y reservá tiempo para cumplirlas.
No para demostrarle nada a nadie.
Para comenzar a construir evidencia de que podés llevar adelante tus decisiones.
Tu compromiso de treinta días
Quiero proponerte un ejercicio.
Pensá en el proyecto o cambio que trabajaste durante el Método GM.
Ahora completá estas frases:
En los próximos treinta días quiero lograr…
Elegí un resultado concreto, no una intención general.
Para conseguirlo, esta semana voy a…
Identificá una acción que dependa principalmente de vos.
La información que todavía necesito comprobar es…
Reconocé aquello que no sabés.
La persona con la que necesito conversar es…
Pensá quién podría ayudarte a aprender o avanzar.
Voy a saber que progresé cuando…
Definí una señal verificable.
No importa si tu objetivo parece pequeño.
Importa que sea real.
Y que, dentro de treinta días, puedas mirar hacia atrás y reconocer qué hiciste, qué aprendiste y qué necesitás cambiar.
Una carta para la persona que serás dentro de noventa días
Hay un último ejercicio que quiero compartir con vos.
No tiene que ver con vender, fabricar, conseguir clientes o levantar inversión.
Tiene que ver con vos.
Me gustaría que escribieras una carta dirigida a la persona que serás dentro de noventa días.
Contale qué estás pensando hoy.
Qué te entusiasma.
Qué te preocupa.
Qué descubriste sobre vos durante estas semanas.
Qué proyecto querés construir.
Y qué decisiones te comprometés a tomar.
No escribas una lista de exigencias.
No conviertas esa carta en una amenaza contra vos misma.
Escribí con honestidad.
Podés comenzar así:
Querida yo del futuro:
Hoy termino una etapa en la que me animé a mirar mis ideas de otra manera.
Hay cosas que todavía no sé y otras que me dan miedo. Pero también descubrí que tengo recursos, experiencias y capacidades que antes no reconocía.
Durante los próximos noventa días quiero intentar…
Y si las cosas no salen como esperaba, quiero recordar que…
Guardá esa carta.
Volvé a leerla dentro de tres meses.
Quizá hayas conseguido resultados extraordinarios.
Quizá tu proyecto haya cambiado.
Quizá hayas descubierto que necesitás otro camino.
Lo importante no será comprobar si cumpliste cada palabra.
Será preguntarte si fuiste capaz de actuar, aprender y tomar decisiones con mayor conciencia.
Lo que espero que te lleves del Método GM
Cuando comencé a diseñar CMAX, no tenía una fábrica, una gran estructura empresarial ni todos los recursos que necesitaría.
Tenía conocimientos de diseño industrial, una idea y una preocupación profunda por el sufrimiento de personas que habían perdido sus hogares.
El camino que vino después estuvo lleno de aprendizajes que no podía anticipar.
Algunas oportunidades aparecieron gracias a personas que todavía no conocía.
Otras surgieron después de años de trabajo.
Hubo decisiones acertadas.
También errores, dificultades y momentos en los que tuve que revisar mis planes.
No quiero presentarte mi experiencia como una fórmula que debas copiar.
Cada persona tiene circunstancias, responsabilidades, recursos y sueños diferentes.
Y tampoco quiero decirte que, si trabajás lo suficiente, necesariamente vas a conseguir todo lo que imaginás.
La realidad es más compleja.
Existen factores que no podemos controlar.
Pero sí podemos aprender a identificar mejor aquello sobre lo que tenemos capacidad de actuar.
Podemos prepararnos.
Podemos escuchar.
Podemos probar.
Podemos aprender de nuestros errores.
Podemos pedir ayuda.
Y podemos decidir qué hacer con la información que vamos descubriendo.
Eso es lo que me gustaría que te lleves de estas cuatro clases.
No la obligación de convertirte en emprendedora.
No la presión de tener una idea extraordinaria.
Ni la sensación de que tenés que cambiar el mundo para que tu vida tenga valor.
Me gustaría que te lleves una manera diferente de mirar tus posibilidades.
Que cuando encuentres un problema que te importe, no te quedes solamente pensando que alguien debería resolverlo.
Que puedas preguntarte qué está a tu alcance.
Qué necesitás aprender.
Con quién podrías conversar.
Y cuál sería una primera acción responsable.
Porque muchas veces las transformaciones comienzan así.
Con alguien que decide involucrarse.
Esto no termina acá
Cuando diseñamos el Método GM, no quería construir un programa para que las personas escucharan historias inspiradoras durante unas semanas y después continuaran exactamente igual.
Quería compartir una manera de pensar y de actuar.
Una forma de conectar aquello que nos importa con nuestras capacidades y nuestras decisiones.
Por eso recorrimos cuatro etapas.
DESCUBRIR: mirar hacia adentro y reconocer qué nos importa.
CREAR: imaginar soluciones y transformarlas en propuestas.
HACERLO POSIBLE: identificar recursos, personas y oportunidades para avanzar.
ACTIVAR: asumir la responsabilidad de llevar nuestras decisiones a la realidad.
Pero ninguna de estas etapas termina definitivamente.
A medida que avances, vas a descubrir nuevos problemas.
Vas a crear otras soluciones.
Vas a necesitar nuevos recursos.
Y vas a volver a tomar decisiones.
Ese movimiento forma parte de construir tu propio camino.
Así que hoy no quiero despedirme diciéndote que ya tenés todas las respuestas.
Probablemente tengas más preguntas que cuando comenzamos.
Y eso puede ser una buena señal.
Porque ahora quizá sepas hacer preguntas más importantes.
Mi deseo es que no te quedes esperando el momento perfecto.
Que aprendas a distinguir entre un riesgo que vale la pena explorar y uno que no necesitás asumir.
Que te permitas cambiar de opinión cuando aparezcan nuevas evidencias.
Y que nunca confundas el resultado de un proyecto con tu valor como persona.
La Brújula te marca el norte. El Método GM te ayuda a construir el camino.
Pero hay algo que ninguna herramienta puede hacer por vos.
Elegir caminarlo.
Y esa decisión, a partir de ahora, es tuya.
Nicolás García Mayor
Método GM · Construí desde adentro
Fuentes y lecturas recomendadas
Las siguientes referencias aportan fundamentos sobre aprendizaje, hábitos, toma de decisiones y perseverancia. Las reflexiones personales y los ejemplos del artículo son del autor.
- Stanford University — Carol Dweck, Growth Mindset. Investigaciones sobre mentalidad de crecimiento, aprendizaje y desarrollo de capacidades.https://profiles.stanford.edu/carol-dweck
- Peter M. Gollwitzer — Implementation Intentions: Strong Effects of Simple Plans. Investigación sobre cómo los planes específicos del tipo «si ocurre X, haré Y» facilitan la ejecución de objetivos.https://doi.org/10.1037/0003-066X.54.7.493
- Daniel Kahneman y Amos Tversky — investigaciones sobre toma de decisiones bajo incertidumbre. Fundamentos para comprender sesgos que pueden afectar nuestras decisiones.https://www.nobelprize.org/prizes/economic-sciences/2002/kahneman/facts/
- Harvard Business Review — The Power of Small Wins. Teresa Amabile y Steven Kramer explican la importancia de reconocer avances significativos en el trabajo.https://hbr.org/2011/05/the-power-of-small-wins
- Y Combinator — YC’s Essential Startup Advice. Recomendaciones sobre aprender de los clientes, mantener el foco y avanzar con evidencia.https://www.ycombinator.com/library/4D-yc-s-essential-startup-advice
