Por qué una conversación puede acercarte más a tu proyecto que meses intentando resolverlo todo por tu cuenta.

Quiero proponerte un ejercicio.

Pensá en algún momento importante de tu vida.

Un trabajo que conseguiste. Un proyecto que comenzó. Una oportunidad que apareció. Un viaje inesperado. Una decisión que terminó cambiando tu camino.

Ahora preguntate:

¿Cuántas de esas cosas ocurrieron gracias a una persona?

Tal vez alguien te presentó a otra persona.

Alguien te dio un consejo.

Alguien confió en vos cuando todavía no tenías resultados para mostrar.

O simplemente alguien te hizo una pregunta que nunca te habías hecho.

Muchas veces recordamos nuestros logros como el resultado de decisiones individuales.

Y, sin embargo, cuando reconstruimos el camino, descubrimos que estaba lleno de personas.

La fantasía de hacerlo todo solo

Cuando tenemos una idea, solemos pensar que nuestra responsabilidad es encontrar todas las respuestas.

Si no sabemos fabricar algo, tenemos que aprender a fabricarlo.

Si no sabemos vender, tenemos que aprender a vender.

Si no sabemos de finanzas, tecnología, comunicación o legislación, sentimos que tenemos que convertirnos en especialistas en todo.

Pero ningún proyecto importante se construye únicamente con lo que sabe una persona.

El verdadero desafío no consiste en aprenderlo todo.

Consiste en reconocer qué necesitás saber, qué podés aprender y con quién podrías construir lo que todavía no podés hacer solo.

Lo que aprendí desarrollando CMAX

Diseñar un sistema de viviendas de emergencias es una cosa.

Convertirla en una solución que pueda fabricarse, transportarse y utilizarse en diferentes lugares del mundo es otra completamente distinta.

A lo largo del desarrollo de CMAX fue necesario trabajar con personas que tenían conocimientos que yo no tenía.

Ingenieros. Fabricantes. Especialistas en materiales. Financieros. Profesionales de logística. Organizaciones humanitarias. Instituciones. Personas que conocían necesidades y contextos que yo jamás habría podido comprender únicamente desde un escritorio.

Cada una aportaba una perspectiva distinta.

Y muchas veces esas perspectivas obligaban a cambiar la solución original.

Eso es importante: una buena colaboración no consiste en encontrar personas que siempre estén de acuerdo con vos.

Consiste en encontrar personas que puedan ayudarte a ver lo que todavía no estás viendo.

El proyecto mejora cuando dejamos que otras capacidades lo transformen.

Tus contactos actuales no son el límite de tu red

Quizás estés pensando:

«Todo esto suena muy bien, pero yo no conozco a nadie importante».

Hay algo interesante en esa frase.

Muchas veces imaginamos que una red de contactos es una colección de personas influyentes, famosas o con mucho dinero.

Pero una red útil puede comenzar con algo mucho más sencillo: personas que tienen experiencia, conocen un problema, trabajan en un sector o están dispuestas a compartir lo que saben.

El sociólogo Mark Granovetter desarrolló una idea conocida como la fuerza de los vínculos débiles.

Su investigación mostró por qué las conexiones menos cercanas también pueden ser valiosas: a menudo nos conectan con información y oportunidades que no circulan dentro de nuestro entorno habitual.

Pensalo así.

Tus amigos y familiares probablemente conocen a muchas de las mismas personas que vos.

Pero alguien con quien hablaste una sola vez puede conocer un mundo completamente diferente.

Eso no significa que cualquier contacto vaya a abrirte una puerta.

Significa que no deberías limitar las posibilidades de tu proyecto al tamaño de tu círculo actual.

La primera conversación no tiene que ser una venta

Imaginá que querés desarrollar una propuesta turística en un entorno natural.

Podrías pasar meses diseñando alojamientos, calculando tarifas y preparando un plan de negocios.

O podrías empezar hablando con cinco personas que conozcan ese tipo de proyectos.

Un operador turístico.

Un especialista ambiental.

Un arquitecto.

Alguien que gestione un alojamiento.

Una persona que represente a los visitantes que te gustaría recibir.

No necesitás convencerlos de invertir.

Necesitás aprender.

Podrías preguntarles:

«Estoy explorando esta idea y me gustaría entender qué dificultades ves».

«¿Qué debería validar antes de avanzar?».

«¿Qué error suelen cometer quienes empiezan en este sector?».

«¿Con quién más me recomendarías hablar?».

Esa última pregunta es especialmente poderosa.

Una conversación puede llevarte a otra.

Y esa segunda conversación puede mostrarte una alternativa que no habías considerado.

De pedir ayuda a construir una colaboración

Hay una diferencia entre pedirle a alguien que resuelva tu problema y proponerle construir algo de valor juntos.

Cuando buscás colaboradores, es importante preguntarte qué puede ganar también la otra persona.

No siempre se trata de dinero.

Puede ser aprendizaje, acceso a un mercado, visibilidad, experiencia, participación en un proyecto significativo o una oportunidad profesional.

Pero tiene que existir un intercambio claro, justo y voluntario.

En el enfoque effectuation, uno de los principios se conoce como Crazy Quilt: construir el proyecto a través de compromisos con otras personas que deciden participar.

La idea original puede cambiar a medida que nuevos colaboradores se incorporan.

Y eso no necesariamente es una debilidad.

Puede ser la razón por la que el proyecto finalmente se vuelve posible.

No confundas colaboración con dependencia

Hay un riesgo que también quiero señalar.

Si tu proyecto depende completamente de que una sola persona te diga que sí, todavía tenés un problema importante por resolver.

Una buena red amplía tus alternativas.

No debería dejarte atrapado esperando una respuesta.

Por eso conviene mantener varias conversaciones, explorar diferentes caminos y evitar compromisos que no entendés o que no podés cumplir.

La confianza se construye con claridad, reciprocidad y tiempo.

No con promesas exageradas.

El ejercicio: cinco conversaciones que pueden cambiar tu proyecto

Elegí un objetivo concreto de tu proyecto.

Ahora identificá cinco personas o perfiles que podrían ayudarte a avanzar.

No importa si todavía no los conocés personalmente.

Para cada uno, respondé:

1. ¿Qué sabe esta persona que yo necesito comprender?

2. ¿Qué pregunta concreta le haría?

3. ¿Qué puedo ofrecer a cambio de su tiempo o conocimiento?

4. ¿Cómo podría llegar hasta ella de manera respetuosa?

Después elegí una persona y prepará un mensaje breve.

No le vendas toda tu idea.

Explicale qué estás intentando comprender y pedile una conversación corta.

Tu objetivo no es conseguir un socio, un inversor o un cliente en el primer contacto.

Tu objetivo es aprender algo que hoy no sabés.

Para llevarte de esta lectura

Hay recursos que podés comprar.

Hay conocimientos que podés estudiar.

Y hay posibilidades que solamente aparecen cuando comenzás a relacionarte con otras personas.

Quizás hoy no conozcas a quien pueda ayudarte a fabricar tu producto, validar tu propuesta o llegar a tus primeros clientes.

Pero podrías conocer mañana a alguien que te acerque un poco más.

No necesitás conocer hoy a todas las personas que harán posible tu proyecto. Necesitás empezar a construir las relaciones que pueden llevarte hasta ellas.

Y a veces todo comienza con una conversación.


Para seguir explorando: Mark Granovetter, The Strength of Weak Ties (1973); Saras Sarasvathy y el principio Crazy Quilt del effectuation; David Kelley y Tom Kelley, Creative Confidence (2013).