Por qué esperar a tener las condiciones perfectas puede convertirse en el mayor obstáculo para hacer realidad tus proyectos.

Hay una pregunta que escuché muchas veces a lo largo de mi vida:

«¿Cómo hiciste para empezar si no tenías los recursos?»

Y siempre pienso que, detrás de esa pregunta, hay una idea que merece ser revisada: que para comenzar un proyecto primero tenemos que tener todo lo necesario.

El dinero. Los contactos. La experiencia. El equipo. El lugar. El momento adecuado.

Parece lógico, ¿no?

Pero hay un problema: casi nunca tenemos todo lo que necesitamos cuando comenzamos algo verdaderamente nuevo.

Y si esperamos a tenerlo, posiblemente nunca empecemos.

La trampa de las condiciones perfectas

Imaginá que querés abrir un restaurante.

Podrías decir que necesitás un local, una cocina equipada, empleados, permisos, proveedores, una marca y suficiente dinero para mantener todo funcionando.

Y probablemente tengas razón: si querés abrir mañana un restaurante completo, necesitás muchas de esas cosas.

Pero ¿realmente necesitás todo eso para descubrir si a las personas les interesa tu propuesta gastronómica?

Tal vez podrías empezar preparando una cena para diez personas.

O vendiendo un menú especial durante un fin de semana.

O colaborando con un restaurante que ya existe.

El restaurante completo es una posibilidad futura.

La primera prueba es una decisión que podés tomar hoy.

Confundir ambas cosas es uno de los errores más comunes al emprender.

Pensamos en todo lo que necesitaríamos para llegar al final y usamos esa lista como argumento para no dar el primer paso.

Mi experiencia con CMAX

Cuando estudiaba Diseño Industrial, imaginé una solución de vivienda para personas que habían perdido sus hogares en situaciones de emergencia.

Era un problema enorme. Y mi idea también parecía enorme, tan grande que mis profesores me decian que no me iba a recibir jamas con ese proyecto.

Termine mi carrera, me recibí de Diseñador y me fuí a vivir a España a diseñar espacios de arquitectura, productos, inclusive arme una empresa de construcción con mi hermano en Tarragona.

Luego volvi a la Argentina y arme otra empresa que ame con toda mi alma. El estudio de diseño que siempre soñé. Ar estudio. Sin embargo sentí que por lo que pasaba en el mundo con los desastres naturales y refugiados algo podia aportar con mi proyecto de la universidad, y ahí tome otra gran decisión, lo deje todo y retome ese proyecto de la universidad.

No tenía una fábrica. No tenía inversores. No tenía una estructura empresarial para fabricar, ni una red internacional de organizaciones humanitarias.

Pero tenía algo.

Tenía ahorros, conocimientos de diseño. Podía investigar, dibujar, hacer presentaciones, catálogos, podía costear mis viajes para hacer presentaciones, para estudiar materiales y representar una solución.

Eso no alcanzaba para fabricar miles de viviendas.

Pero sí alcanzaba para empezar a desarrollar una idea.

Con los años aparecieron desafíos que al principio ni siquiera sabía que existían: ingeniería, fabricación, costos, logística, validaciones técnicas, transporte, alianzas y operaciones internacionales.

Los fui enfrentando a medida que el proyecto avanzaba.

Y algo fundamental ocurrió en ese proceso: cada avance me permitió comprender mejor qué necesitaba para el siguiente.

Esto no significa que los recursos no importen. Importan muchísimo. Significa que no siempre podemos identificarlos, conseguirlos o administrarlos antes de empezar.

Cambiá la pregunta

Hay una diferencia enorme entre estas dos preguntas:

«¿Qué me falta para hacer realidad mi proyecto?»

y

«¿Qué puedo hacer con lo que tengo para acercarme a mi proyecto?»

La primera puede producir una lista interminable de obstáculos.

La segunda te obliga a buscar posibilidades.

La investigadora Saras Sarasvathy estudió cómo emprendedores experimentados toman decisiones en condiciones de incertidumbre. De ese trabajo surgió el enfoque conocido como effectuation.

Una de sus ideas centrales es que no siempre comenzamos definiendo un objetivo exacto para después conseguir todos los medios necesarios.

A veces comenzamos con los medios disponibles y descubrimos qué objetivos podemos construir a partir de ellos.

Esos medios pueden organizarse alrededor de tres preguntas:

  • ¿Quién soy? Mis valores, mis motivaciones, mis experiencias.
  • ¿Qué sé? Mis conocimientos, habilidades y aprendizajes.
  • ¿A quién conozco? Las personas con las que puedo conversar, colaborar o aprender.

No son respuestas mágicas. Son un punto de partida.

El riesgo también se puede diseñar

Empezar no significa lanzarse irresponsablemente.

Una de las ideas más útiles del effectuation es la de pérdida asumible: en lugar de apostar todo a un resultado incierto, preguntarte cuánto tiempo, dinero o esfuerzo podés comprometer razonablemente para aprender algo importante.

Por ejemplo, antes de invertir todos tus ahorros en una aplicación, podés entrevistar a usuarios, diseñar una maqueta interactiva o probar manualmente el servicio que querés ofrecer.

Antes de comprar un terreno para un desarrollo turístico, podés estudiar las restricciones, hablar con especialistas y validar el interés de potenciales visitantes.

Antes de dejar tu trabajo para comenzar un emprendimiento, podés realizar una prueba pequeña durante algunas semanas.

La idea no es eliminar toda incertidumbre. Eso es imposible.

La idea es aprender sin poner en riesgo innecesario aquello que no podés permitirte perder.

No confundas empezar con improvisar

Hay proyectos en los que una prueba sencilla puede ser suficiente para obtener información útil.

Y hay otros —como una vivienda de emergencia, un dispositivo médico o una solución de rescate— donde las pruebas requieren profesionales, normas y condiciones técnicas específicas.

La escala de tu primera acción puede ser pequeña.

La responsabilidad con la que la ejecutás nunca debería serlo.

Empezar de manera inteligente significa elegir una acción proporcionada al riesgo y al aprendizaje que buscás.

El ejercicio: tu inventario de posibilidades

Tomá una hoja y dividila en cuatro partes.

1. Lo que ya tengo. Escribí cinco recursos disponibles. No te limites al dinero: incluí conocimientos, herramientas, tiempo, experiencias y capacidades.

2. Lo que creo que me falta. Anotá los tres obstáculos que más te preocupan.

3. Lo que realmente necesito ahora. De esos obstáculos, identificá cuáles impiden dar el próximo paso y cuáles pertenecen a etapas futuras.

4. Lo que puedo hacer esta semana. Elegí una acción pequeña que puedas realizar sin esperar a resolver todo lo anterior.

Puede ser una llamada. Un dibujo. Una conversación. Una investigación. Una primera prueba.

No importa que parezca pequeña.

Importa que te permita avanzar.

Para llevarte de esta lectura

Es posible que hoy no tengas el dinero, los contactos o todas las respuestas que necesitás para realizar tu proyecto completo.

Pero eso no significa que no tengas nada.

Tal vez lo que te falta no sea una condición para empezar.

Tal vez sea algo que vas a descubrir, construir o conseguir mientras avanzás.

Si hoy no tuvieras el dinero, los contactos ni todas las respuestas, ¿qué podrías hacer mañana para estar un paso más cerca?

No busques una respuesta espectacular.

Buscá una respuesta que puedas convertir en acción.


Para seguir explorando: Saras D. Sarasvathy, Causation and Effectuation (2001); principios del enfoque effectuation; Eric Ries, The Lean Startup (2011).