Por qué muchas veces no necesitás conseguir todo para empezar, sino empezar para descubrir cómo conseguirlo.

Tiempo de lectura: 8 minutos


La trampa de esperar a tener todo

Hay una frase que escuchamos constantemente cuando alguien quiere comenzar un proyecto.

«Es una buena idea, pero no tengo los recursos».

No tengo suficiente dinero.

No conozco a las personas indicadas.

No tengo un equipo.

No tengo tiempo.

No tengo experiencia.

No tengo la tecnología necesaria.

Y así, una idea que podría convertirse en algo importante queda detenida en una lista de cosas que todavía faltan.

Es comprensible.

Cuando imaginamos un proyecto terminado, también imaginamos todo lo que necesitaremos para construirlo.

Si queremos desarrollar un producto, pensamos en fábricas, materiales, inversiones y distribución.

Si queremos crear una organización, pensamos en oficinas, equipos, estructura y financiamiento.

Si queremos cambiar nuestra vida, pensamos en estabilidad económica, tiempo disponible y condiciones ideales.

El problema aparece cuando creemos que necesitamos reunir todos esos recursos antes de dar el primer paso.

Muchas veces estamos calculando lo que necesitamos para llegar al final, cuando todavía no descubrimos qué necesitamos para empezar.

Y esas son dos preguntas completamente diferentes.

01. No empieces por lo que te falta

En el mundo del emprendimiento existe un enfoque desarrollado por la investigadora Saras Sarasvathy, conocido como effectuation.

Una de sus ideas centrales es que, en situaciones de incertidumbre, los emprendedores pueden comenzar a actuar a partir de los medios que ya tienen disponibles, en lugar de depender exclusivamente de un plan construido alrededor de un objetivo lejano.

Este enfoque propone comenzar con tres preguntas:

¿Quién soy?

¿Qué experiencias viví? ¿Qué capacidades desarrollé? ¿Qué cosas me importan? ¿Qué problemas conozco de cerca?

¿Qué sé?

¿Qué conocimientos tengo? ¿Qué aprendí trabajando, estudiando, equivocándome o resolviendo problemas?

¿A quién conozco?

¿Qué personas forman parte de mi entorno? ¿Quién podría aportar experiencia, una perspectiva diferente o acceso a nuevas oportunidades?

Estas preguntas cambian el punto de partida.

En lugar de observar solamente lo que falta, empezamos a reconocer lo que ya existe.

Imaginá que querés desarrollar una solución para reducir el desperdicio de alimentos.

Tal vez no tengas dinero para construir una plataforma tecnológica.

Pero trabajaste durante años en un restaurante.

Conocés proveedores.

Tenés relación con comerciantes.

Sabés cómo se producen los desperdicios.

Y conocés a alguien que trabaja en una organización comunitaria.

Quizás todavía no tenés una empresa.

Pero tenés conocimientos, relaciones y experiencia que pueden convertirse en el comienzo de una solución.

No tener todos los recursos no significa empezar desde cero.

02. Los recursos no son solamente dinero

Cuando hablamos de recursos, solemos pensar primero en financiamiento.

Y el dinero es importante. Hay proyectos que necesitan inversiones significativas para avanzar.

Pero reducir todos los recursos al dinero nos hace perder de vista otras posibilidades.

Pensá en cinco tipos de recursos que pueden ayudarte a construir algo:

Conocimiento. Lo que sabés hacer, lo que aprendiste y los problemas que comprendés.

Personas. Las relaciones que pueden aportar capacidades, experiencia, acompañamiento o acceso a otros entornos.

Tiempo. Los espacios reales que podés dedicar a avanzar, aunque sean pequeños.

Herramientas e infraestructura. Equipamiento, tecnología, materiales, espacios o plataformas que ya están a tu alcance.

Credibilidad. La confianza que construiste a través de tu trabajo, tus compromisos y tus resultados anteriores.

Ninguno de estos recursos garantiza que un proyecto vaya a funcionar.

Pero todos pueden modificar lo que hoy es posible.

Por ejemplo, alguien que quiere desarrollar un programa educativo quizás no necesite alquilar un aula inmediatamente.

Puede comenzar utilizando un espacio comunitario.

Alguien que quiere diseñar un producto puede acceder a un taller universitario o colaborar con un fabricante.

Alguien que quiere lanzar un servicio puede trabajar inicialmente con un grupo reducido de usuarios.

No se trata de evitar los costos necesarios.

Se trata de comprender cuáles son verdaderamente necesarios en cada etapa.

Una solución no siempre necesita más recursos. A veces necesita una forma diferente de organizarlos.

03. CMAX: una visión más grande que los recursos disponibles

Cuando empecé a desarrollar la idea que daría origen a CMAX, era estudiante de Diseño Industrial.

No tenía una fábrica propia.

No contaba con una gran estructura empresarial.

Y tampoco disponía de todos los recursos técnicos y económicos que serían necesarios para desarrollar una solución de vivienda transitoria a escala.

Pero tenía algo que consideraba fundamental: un problema que quería ayudar a resolver.

Las condiciones en las que muchas familias debían vivir después de perder sus hogares durante una catástrofe.

Empecé utilizando las herramientas que tenía a mi alcance.

Mi formación.

Mi capacidad de diseñar.

El conocimiento que estaba adquiriendo.

Los dibujos que me permitían representar una solución.

Y, sobre todo, la posibilidad de seguir aprendiendo.

Con el tiempo, el desarrollo de CMAX necesitó mucho más que una idea.

Hubo que trabajar sobre materiales, procesos productivos, estructuras, transporte, despliegue y otras cuestiones técnicas.

También fue necesario relacionarse con personas y organizaciones que contaban con conocimientos y capacidades diferentes.

El proyecto no se convirtió en realidad simplemente porque existiera una visión.

Fue necesario transformar esa visión en decisiones, trabajo, aprendizaje y colaboración.

Pero si hubiera esperado a contar con todos los recursos que eventualmente necesitaría, probablemente nunca habría realizado aquellos primeros dibujos.

No tenía los medios para construir todo el proyecto. Tenía los medios para comenzar a desarrollarlo.

Esa diferencia fue fundamental.

04. No necesitás hacerlo todo vos

Hay otra idea que puede convertirse en un obstáculo.

Creer que para construir algo tenemos que saber hacerlo todo.

Si queremos desarrollar un producto, pensamos que debemos dominar el diseño, la ingeniería, la fabricación, las ventas y la administración.

Si queremos crear una organización, sentimos que debemos resolver cada necesidad por nuestra cuenta.

Y cuando descubrimos que no tenemos todas esas capacidades, empezamos a dudar.

Pero los proyectos importantes rara vez se construyen con una sola persona que sabe hacer absolutamente todo.

Se construyen combinando conocimientos y capacidades.

Una persona puede comprender profundamente un problema.

Otra puede saber cómo desarrollar una solución técnica.

Otra puede conocer a quienes necesitan esa solución.

Otra puede ayudar a organizar los recursos necesarios.

El desafío no consiste solamente en identificar lo que te falta.

Consiste en preguntarte:

¿Quién podría ayudarme a resolver aquello que yo todavía no sé hacer?

Esto no significa pedir favores indiscriminadamente ni esperar que otros trabajen gratis.

Una colaboración sostenible necesita generar valor para las partes involucradas.

A veces ese valor será económico.

Otras veces será aprendizaje, acceso a nuevas oportunidades, desarrollo profesional o participación en un proyecto compartido.

La pregunta importante es qué podemos construir juntos que resulte valioso para todos.

05. Conseguir aliados es diferente de pedir ayuda

Imaginá que querés desarrollar una solución para mejorar el acceso al agua potable en una comunidad.

Podrías acercarte a una organización y decirle:

«Tengo una idea. Necesito que me ayuden a financiarla».

Tal vez recibas una respuesta positiva.

Pero también podrías plantear una conversación diferente:

«Estamos explorando una solución para este problema. Ustedes tienen experiencia trabajando con estas comunidades. ¿Podríamos identificar juntos una necesidad específica y evaluar una primera prueba?».

La segunda conversación no comienza con lo que necesitás recibir.

Comienza con lo que podrían aprender o construir juntos.

En effectuation, las alianzas y los compromisos de otras personas tienen un papel importante.

No solamente aportan recursos.

También pueden modificar el proyecto, abrir posibilidades y ayudar a definir qué es viable.

Un aliado puede aportar una perspectiva que no habías considerado.

Puede señalar un riesgo.

Puede ofrecer acceso a un espacio para probar.

O puede ayudarte a descubrir que tu solución necesita tomar una dirección diferente.

Por eso, construir relaciones no debería ser una actividad que dejamos para cuando el proyecto esté terminado.

Las relaciones también pueden formar parte del proceso de creación.

06. El primer paso no debería poner en riesgo todo lo que tenés

Empezar con los recursos disponibles no significa apostar todo a una idea.

De hecho, otro principio de effectuation propone pensar en la pérdida asumible.

En lugar de preguntarnos únicamente cuánto podríamos ganar si todo sale bien, también podemos preguntarnos:

¿Cuánto tiempo puedo dedicar a esta prueba?

¿Cuánto dinero puedo invertir sin comprometer mi estabilidad?

¿Qué recursos estoy dispuesto a utilizar?

¿Qué pasaría si este primer intento no funciona?

Esto es especialmente importante cuando trabajamos con proyectos inciertos.

Imaginá que querés lanzar una nueva línea de productos.

Podrías invertir todos tus ahorros en producir una gran cantidad de unidades.

O podrías desarrollar una muestra, conversar con posibles compradores y evaluar una producción inicial más pequeña.

La segunda alternativa no elimina el riesgo.

Pero puede ayudarte a aprender antes de asumir compromisos mayores.

Lo mismo sucede con decisiones personales.

Si querés cambiar de profesión, quizás puedas explorar primero una experiencia parcial antes de renunciar a tu trabajo.

Si querés comenzar un emprendimiento, tal vez puedas dedicarle algunas horas semanales antes de convertirlo en tu única fuente de ingresos.

No existe una fórmula que sirva para todos los casos.

Lo importante es que el primer paso sea proporcional a tu situación y a la incertidumbre que todavía existe.

Avanzar no debería confundirse con arriesgarlo todo.

07. Los recursos aparecen de maneras que no siempre podemos anticipar

Cuando diseñamos un plan, solemos imaginar una secuencia ordenada.

Primero conseguimos el dinero.

Después contratamos al equipo.

Luego desarrollamos el producto.

Finalmente lo lanzamos.

Pero los proyectos reales muchas veces avanzan de otra manera.

Una conversación nos conecta con alguien que tiene una capacidad que necesitábamos.

Una prueba revela una aplicación que no habíamos imaginado.

Un posible cliente propone una colaboración.

Una institución ofrece un espacio.

Una dificultad técnica nos obliga a encontrar un diseño más sencillo.

No todas estas oportunidades pueden anticiparse desde el comienzo.

Y tampoco todas resultarán convenientes.

Pero si esperamos a que el camino completo esté definido antes de actuar, podemos perder la posibilidad de descubrirlas.

Esto no significa abandonar la planificación.

Significa comprender que, en contextos de incertidumbre, un plan necesita convivir con el aprendizaje.

Podemos tener una dirección clara y, al mismo tiempo, mantenernos abiertos a modificar el camino.

La visión puede orientarte. Pero muchas veces es la acción la que te muestra qué caminos existen.

08. Dejar de esperar también es una decisión personal

Hasta ahora hablamos de productos, emprendimientos y organizaciones.

Pero esta reflexión también se aplica a nuestra propia vida.

¿Cuántas veces postergamos algo importante porque creemos que todavía no estamos preparados?

Cuando tenga más tiempo, voy a empezar.

Cuando tenga más dinero, voy a cambiar.

Cuando sepa más, voy a animarme.

Cuando las condiciones sean mejores, voy a construir lo que quiero.

A veces esas condiciones son verdaderamente necesarias.

No todas las decisiones pueden tomarse inmediatamente ni todos los riesgos son aceptables.

Pero otras veces utilizamos la falta de recursos como una explicación que nos permite seguir esperando.

Y vale la pena hacernos una pregunta incómoda:

¿Qué parte de lo que quiero construir podría empezar hoy con lo que ya tengo?

Tal vez no puedas construir toda la empresa.

Pero podés desarrollar una primera propuesta.

Tal vez no puedas cambiar completamente tu vida.

Pero podés modificar una rutina.

Tal vez no puedas lanzar el proyecto.

Pero podés conversar con una persona que conoce el problema.

Tal vez no puedas fabricar el producto.

Pero podés dibujarlo.

La magnitud del primer paso no determina necesariamente la importancia del camino.

Lo importante es que ese paso te acerque a una comprensión más clara de lo que querés construir.

09. Tu desafío: hacer un inventario de posibilidades

En la Clase 02 · CREAR trabajaste sobre un problema, exploraste alternativas y comenzaste a desarrollar una solución.

Ahora te propongo que mires esa solución desde otra perspectiva.

No desde todo lo que necesitarías para construir su versión definitiva.

Sino desde lo que podrías hacer para dar el siguiente paso.

Tomá tu Roadmap GM y respondé:

1. ¿Qué tengo hoy?

Identificá tus conocimientos, experiencias, herramientas, tiempo disponible y otros recursos que podrían ayudarte.

2. ¿Qué sé hacer?

Pensá en las capacidades que podés aportar directamente al proyecto.

3. ¿A quién conozco?

Anotá personas u organizaciones con las que podrías conversar, aprender o explorar una colaboración.

4. ¿Qué me falta para el próximo paso?

No hagas una lista de todo lo que necesitarás durante los próximos cinco años.

Identificá solamente lo necesario para avanzar a la siguiente etapa.

5. ¿Qué puedo hacer en los próximos siete días?

Elegí una acción concreta, pequeña y realista.

Puede ser construir un boceto, organizar una reunión, investigar un material, visitar un lugar o realizar una prueba inicial.

Definí qué vas a hacer y cuándo.

No necesitás resolver todo el proyecto esta semana.

Necesitás encontrar una manera de hacerlo avanzar.


Para llevarte de esta lectura

Los recursos son importantes.

El dinero, el tiempo, las personas y las capacidades técnicas pueden determinar si una solución es viable.

Pero hay una diferencia entre reconocer lo que necesitamos y convertir todo lo que nos falta en una razón para no empezar.

En ocasiones, el camino comienza con recursos muy limitados.

Una idea representada en papel.

Una conversación.

Una pequeña prueba.

Una persona que decide colaborar.

Y cada uno de esos pasos puede ayudarnos a comprender qué necesitamos después.

No siempre empezás cuando tenés los recursos. Muchas veces empezás para descubrir cómo construirlos.

Antes de la próxima clase

Llegá a la Clase 03 · HACERLO POSIBLE con tres cosas preparadas:

  1. Tu solución elegida: qué querés construir y qué valor busca generar.
  2. Tu inventario de recursos: qué tenés, qué sabés y con quiénes podrías contar.
  3. Tu próximo paso: una acción concreta que puedas realizar con los medios disponibles.

En la próxima etapa vamos a trabajar sobre cómo organizar recursos, identificar capacidades faltantes, construir alianzas y transformar una solución en un plan de acción viable.

Porque imaginar una posibilidad es importante.

Pero aprender a construir las condiciones para hacerla realidad es lo que permite que esa posibilidad empiece a convertirse en un proyecto.


Lectura del Método GM · Construí desde adentro.

Referencias conceptuales para profundizar:

  • Saras D. Sarasvathy, Causation and Effectuation: Toward a Theoretical Shift from Economic Inevitability to Entrepreneurial Contingency (2001).
  • Effectuation.org, los