Cómo transformar una intención en una acción concreta, incluso cuando todavía tenés dudas.

Hay una forma de postergar nuestros proyectos que es particularmente difícil de reconocer.

Porque se parece muchísimo al trabajo.

Leemos libros.

Miramos videos.

Hacemos cursos.

Investigamos herramientas.

Preparamos presentaciones.

Cambiamos el nombre de nuestro proyecto.

Volvemos a diseñar el logo.

Y sentimos que estamos avanzando.

A veces, efectivamente, estamos aprendiendo cosas necesarias.

Pero otras veces estamos utilizando la preparación para evitar algo que nos incomoda mucho más:

poner nuestra idea en contacto con la realidad.

La diferencia entre estar ocupado y avanzar

Imaginá que querés crear un servicio para ayudar a personas mayores a utilizar herramientas digitales.

Pasás tres semanas diseñando el nombre, el sitio web, los colores y una presentación comercial.

Al final de esas tres semanas tenés materiales muy lindos.

Pero todavía no hablaste con ninguna persona mayor.

No sabés qué necesita.

No sabés si utilizaría tu servicio.

No sabés quién estaría dispuesto a pagarlo.

Estuviste ocupado.

¿Pero avanzaste en las preguntas más importantes?

Tal vez una conversación de veinte minutos con un potencial usuario te habría enseñado más que varias horas perfeccionando el logo.

Esto no significa que diseñar una identidad sea inútil.

Significa que el valor de una tarea depende del momento en el que la realizás y del problema que te ayuda a resolver.

Una acción pequeña puede producir un aprendizaje enorme

Cuando pensamos en actuar, imaginamos movimientos importantes.

Lanzar una empresa.

Comprar equipamiento.

Renunciar a un trabajo.

Contratar empleados.

Invertir dinero.

Pero actuar no siempre significa asumir un compromiso grande.

A veces significa diseñar un experimento pequeño.

El enfoque Lean Startup, popularizado por Eric Ries, propone aprender a través de ciclos de construir, medir y aprender.

La idea es sencilla: antes de desarrollar una solución completa, identificá qué necesitás comprobar y buscá una manera razonable de obtener evidencia.

Supongamos que querés crear un espacio de encuentro para personas que se sienten solas en una ciudad.

Podrías comenzar alquilando un local y organizando una programación anual.

O podrías invitar a diez personas a una primera actividad y observar qué ocurre.

¿Asisten?

¿Participan?

¿Quieren volver?

¿Recomiendan la experiencia?

¿El formato realmente responde a una necesidad?

Una actividad pequeña no demuestra automáticamente que el proyecto completo será viable.

Pero puede ayudarte a tomar mejores decisiones.

Qué significa realmente validar una idea

Validar no es conseguir que alguien te diga:

«¡Qué buena idea!».

A todos nos gusta escuchar eso.

Pero las opiniones positivas no siempre se convierten en comportamientos reales.

Hay una diferencia entre que una persona diga que usaría un servicio y que efectivamente lo utilice.

Entre que alguien diga que compraría un producto y que decida pagarlo.

Entre que una organización muestre interés y que asuma un compromiso concreto.

Por eso, antes de realizar una prueba, preguntate:

¿Qué evidencia necesitaría observar para decidir si vale la pena seguir avanzando?

No busques solamente confirmaciones.

Buscá información que también pueda demostrarte que necesitás cambiar algo.

Un resultado inesperado no es necesariamente un fracaso.

Puede ser un aprendizaje que te evite invertir tiempo y recursos en una dirección equivocada.

El problema de los objetivos demasiado grandes

«Voy a lanzar mi empresa».

«Voy a escribir un libro».

«Voy a cambiar mi vida».

«Voy a desarrollar un proyecto turístico».

Son objetivos que pueden inspirarnos.

Pero tienen un problema: no siempre nos dicen qué hacer mañana.

Para actuar, necesitamos transformar una aspiración en una conducta concreta.

El psicólogo Peter Gollwitzer investigó las llamadas intenciones de implementación: planes que especifican cuándo, dónde y cómo vamos a realizar una acción.

En lugar de decir:

«Esta semana voy a avanzar con mi proyecto».

Podrías decir:

«El martes a las 10 de la mañana voy a llamar a tres posibles usuarios para coordinar entrevistas».

O:

«El miércoles voy a preparar un dibujo de mi solución y mostrárselo a dos personas».

O:

«El viernes voy a consultar a un profesional cuáles son las restricciones técnicas de mi idea».

La diferencia parece pequeña.

Pero una intención general se convierte en algo que podés ejecutar y comprobar.

Lo que significa avanzar en un proyecto como CMAX

Cuando pienso en el desarrollo de CMAX, hay algo que me resulta evidente.

Una idea puede acompañarte durante muchos años.

Pero el tiempo, por sí solo, no la convierte en realidad.

Lo que permite avanzar es una sucesión de decisiones y acciones.

Investigar.

Diseñar.

Buscar información.

Conversar con especialistas.

Corregir errores.

Desarrollar prototipos.

Evaluar materiales.

Encontrar fabricantes.

Realizar pruebas.

Volver a modificar.

Cada una de esas acciones responde a una pregunta diferente.

Y muchas veces una respuesta abre nuevas preguntas.

Por eso no creo que el camino de un proyecto sea una línea recta.

Es un proceso de construcción.

Y construir implica aceptar que no siempre vamos a saber cuál es el paso número veinte.

Pero sí podemos intentar identificar el siguiente.

Cuidado con la falsa urgencia

Quiero aclarar algo importante.

Actuar no significa hacer cualquier cosa con tal de sentir que nos estamos moviendo.

Tampoco significa tomar decisiones irreversibles sin información suficiente.

Hay momentos para investigar, momentos para diseñar, momentos para consultar y momentos para ejecutar.

Lo importante es que cada actividad tenga una finalidad clara.

Si necesitás estudiar una regulación antes de fabricar un producto, investigar esa regulación puede ser exactamente la acción correcta.

Si necesitás verificar que una estructura sea segura, contratar una evaluación técnica puede ser el paso más importante.

Actuar no es correr. Es dejar de postergar la próxima decisión que realmente importa.

El ejercicio: tu compromiso de siete días

Vamos a preparar el terreno para nuestra última clase del Método GM: ACTIVAR.

Elegí una sola acción que puedas realizar durante los próximos siete días.

Para definirla, respondé estas cinco preguntas:

1. ¿Qué quiero conseguir?

Describí un objetivo concreto, no toda la visión de tu proyecto.

2. ¿Qué necesito aprender o comprobar?

Identificá una pregunta importante que todavía no tiene respuesta.

3. ¿Qué acción puedo realizar?

Elegí algo que dependa principalmente de vos y que puedas completar con los recursos disponibles.

4. ¿Cuándo lo voy a hacer?

Definí un día, un horario y, si corresponde, un lugar.

5. ¿Cómo voy a saber que lo hice?

Establecé una evidencia verificable: una conversación realizada, una prueba documentada, un prototipo construido, una consulta enviada o un resultado registrado.

Ahora completá esta frase:

«Antes del próximo __________, voy a __________, para aprender o comprobar __________».

Por ejemplo:

«Antes del próximo jueves, voy a entrevistar a tres personas que podrían utilizar mi servicio, para comprender cuál es su principal dificultad».

No hace falta que sea una acción extraordinaria.

Hace falta que sea real.

La diferencia entre intención y compromiso

Podemos pasar años imaginando lo que nos gustaría construir.

Y a veces necesitamos ese tiempo.

Pero llega un momento en el que tenemos que decidir si queremos que nuestra idea siga existiendo solamente en nuestra cabeza.

No necesitás tener todas las respuestas para comenzar.

No necesitás que todo el mundo crea en tu proyecto.

No necesitás saber exactamente cómo va a terminar.

Necesitás estar dispuesto a aprender de lo que sucede cuando empezás a actuar.

Y también necesitás reconocer cuándo la realidad te está pidiendo cambiar de dirección.

Eso es construir.

Para llevarte de esta lectura

Durante las primeras tres clases del Método GM trabajamos en descubrir lo que nos importa, imaginar soluciones y comprender cómo podemos hacerlas posibles.

Ahora estamos llegando a una nueva etapa.

Una etapa en la que las ideas necesitan convertirse en decisiones.

Y las decisiones, en acciones.

Porque una idea puede cambiar tu manera de pensar. Pero es lo que hacés con ella lo que puede empezar a cambiar tu realidad.

La próxima clase se llama ACTIVAR.

Y quiero que llegues con algo más importante que una presentación perfecta:

Una primera acción que estés dispuesto a realizar.


Para seguir explorando: Eric Ries, The Lean Startup (2011); Peter M. Gollwitzer, investigaciones sobre implementation intentions (1999); Stanford d.school, recursos sobre experimentación y prototipado.